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	Comentarios en: GALACHO 59-444. Los CAMPOS ELÍSEOS no estaban en Roma ni en París: Ése fue el nombre de la “Bahía de la Estrella” de ASTRILLERO / SANT´ANDER	</title>
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		Por: Jesús Manuel Fernández González		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jesús Manuel Fernández González]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Sep 2023 15:14:11 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Mi muy admirado d. Jorge María Ribero-Meneses:
La vida es curiosa, enormemente curiosa. Al menos, a mí me lo parece.
Supe de su existencia hará unos 15 años, como consecuencia de una serie de &quot;causalidades&quot; (yo ya no creo en las casualidades) que no viene al caso comentar.
Desde mis lejanos 8 o 9 años la vida ha constituido para mí una especie de ópera bufa sin ton ni son, de la cual, sin saberlo ni pedirlo (eso me parece), me facilitaron una entrada como espectador.
Ése ha sido mi papel desde entonces: el de un mero espectador de ésta representación llamada vida. He de reconocer que tuve suerte. Al menos, desde mi posición, el paso de esta curiosa cosa llamada existencia se hace incluso entretenida. Peor es para otros para quienes la vida es un problema contínuo que no saben resolver.
Sea como fuere, aparte de ese papel jugado (y, quizás por ello) me tocó lidiar desde aquella temprana edad con un sentimiento poderosísimo de incredulidad ante cualquier aspecto de la vida del que otro ser humano me intentaba convencer mediante explicaciones más o menos sesudas . Nada me satisfacía, ni en el colegio, ni, posteriormente, en la Universidad, ni, en definitiva, de cualquier ámbito &quot;oficial&quot;.
Ya en la madurez llegué a la conclusión de que para encontrar la perla, es necesario, primero, encontrar la ostra y, después, abrir una tras otra hasta encontrar la primera  de aquellas.
Con el conocimiento verdadero ocurre algo parecido. Uno empieza a leer como loco y se embarca en lecturas de todo ámbito y tipo en busca de &quot;la verdad&quot;. Y, como dijo Poncio Pilatos: ¿qué es la verdad?
La verdad tiene múltiples caras, a veces, en ciertos ámbitos del conocimiento pero, en otros, es sencilla, clara, transparente y sin recovecos.
Voy al grano. No me extiendo mucho más.
Como decía alguien, el maestro llega cuando el alumno está preparado.
Como le dije, conocí de su existencia hace unos 15 años y, en el momento en que buceé en su figura, su causa y su trayectoria, ¡encontré una ostra con perla!
No era la primera que encontré en mi vida pero sí la primera en el ámbito que usted abarca.
Desde el momento en que leí sus 2 tomos acerca de la cuna de humanidad tuve la impresión de haber leído algo de vital importancia. Su trayectoria, sus dificultades para hacerse visible, su constancia a prueba de todo, son un punto más (y no pequeño) que hace de sus descubrimientos algo &quot;de verdadero peso&quot;.
Me parece usted una figura admirable, una luz en medio de tanta oscuridad. He tenido en múltiples ocasiones el impulso de conocerle pero las ocupaciones, las responsabilidades (tremenda palabra ésta), éste teatro, en suma, nos llevan y nos traen como las olas de nuestro querido mar Cantábrico a la madera.
Pero yo soy un hombre a quien las causalidades (no casualidades) le suelen tratar bien.
Me encontraba yo el jueves 21 de septiembre (discúlpeme si equivoco el día) en mi coche a la altura de la Playa del Camello, de Santander esperando a que mi hijo saliera de clase cuando me pareció ver su figura. Tuve el atrevimiento de dirigirme a usted y, con toda amabilidad, me atendió. Cruzamos varias palabras y no le quise molestar más. Simplemente quise expresarle mi admiración hacia su trabajo y su empeño.
Usted está, de pleno derecho, en la cúspide de la Historia de nuestra Tierra como uno de los egregios defensores del saber más puro. No me cabe duda. Como sabe mejor que yo, ya Schopenhauer dijo: &quot; toda verdad pasa por tres etapas. Primero, es ridiculizada. En segundo lugar, es violentamente rechazada. En tercer lugar, es aceptada como evidente por sí misma&quot;.
La primera etapa consigue abatir los espíritus más débiles. La segunda, a casi todos los fuertes. Sólo resisten los auténticos HOMBRES. 
Cuando todo lo que usted ha descubierto y demostrado sea aceptado como evidente, no me cabe duda que actuará con la altura de miras de quien habita en otras alturas, que no &quot;sopapeará&quot; los mofletes de quien le puso las cosas casi imposibles.
Me despido ya. 
Mi nombre es Jesús Manuel Fernández González.
Muchas gracias por lo que nos da.
Larga vida.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi muy admirado d. Jorge María Ribero-Meneses:<br />
La vida es curiosa, enormemente curiosa. Al menos, a mí me lo parece.<br />
Supe de su existencia hará unos 15 años, como consecuencia de una serie de «causalidades» (yo ya no creo en las casualidades) que no viene al caso comentar.<br />
Desde mis lejanos 8 o 9 años la vida ha constituido para mí una especie de ópera bufa sin ton ni son, de la cual, sin saberlo ni pedirlo (eso me parece), me facilitaron una entrada como espectador.<br />
Ése ha sido mi papel desde entonces: el de un mero espectador de ésta representación llamada vida. He de reconocer que tuve suerte. Al menos, desde mi posición, el paso de esta curiosa cosa llamada existencia se hace incluso entretenida. Peor es para otros para quienes la vida es un problema contínuo que no saben resolver.<br />
Sea como fuere, aparte de ese papel jugado (y, quizás por ello) me tocó lidiar desde aquella temprana edad con un sentimiento poderosísimo de incredulidad ante cualquier aspecto de la vida del que otro ser humano me intentaba convencer mediante explicaciones más o menos sesudas . Nada me satisfacía, ni en el colegio, ni, posteriormente, en la Universidad, ni, en definitiva, de cualquier ámbito «oficial».<br />
Ya en la madurez llegué a la conclusión de que para encontrar la perla, es necesario, primero, encontrar la ostra y, después, abrir una tras otra hasta encontrar la primera  de aquellas.<br />
Con el conocimiento verdadero ocurre algo parecido. Uno empieza a leer como loco y se embarca en lecturas de todo ámbito y tipo en busca de «la verdad». Y, como dijo Poncio Pilatos: ¿qué es la verdad?<br />
La verdad tiene múltiples caras, a veces, en ciertos ámbitos del conocimiento pero, en otros, es sencilla, clara, transparente y sin recovecos.<br />
Voy al grano. No me extiendo mucho más.<br />
Como decía alguien, el maestro llega cuando el alumno está preparado.<br />
Como le dije, conocí de su existencia hace unos 15 años y, en el momento en que buceé en su figura, su causa y su trayectoria, ¡encontré una ostra con perla!<br />
No era la primera que encontré en mi vida pero sí la primera en el ámbito que usted abarca.<br />
Desde el momento en que leí sus 2 tomos acerca de la cuna de humanidad tuve la impresión de haber leído algo de vital importancia. Su trayectoria, sus dificultades para hacerse visible, su constancia a prueba de todo, son un punto más (y no pequeño) que hace de sus descubrimientos algo «de verdadero peso».<br />
Me parece usted una figura admirable, una luz en medio de tanta oscuridad. He tenido en múltiples ocasiones el impulso de conocerle pero las ocupaciones, las responsabilidades (tremenda palabra ésta), éste teatro, en suma, nos llevan y nos traen como las olas de nuestro querido mar Cantábrico a la madera.<br />
Pero yo soy un hombre a quien las causalidades (no casualidades) le suelen tratar bien.<br />
Me encontraba yo el jueves 21 de septiembre (discúlpeme si equivoco el día) en mi coche a la altura de la Playa del Camello, de Santander esperando a que mi hijo saliera de clase cuando me pareció ver su figura. Tuve el atrevimiento de dirigirme a usted y, con toda amabilidad, me atendió. Cruzamos varias palabras y no le quise molestar más. Simplemente quise expresarle mi admiración hacia su trabajo y su empeño.<br />
Usted está, de pleno derecho, en la cúspide de la Historia de nuestra Tierra como uno de los egregios defensores del saber más puro. No me cabe duda. Como sabe mejor que yo, ya Schopenhauer dijo: » toda verdad pasa por tres etapas. Primero, es ridiculizada. En segundo lugar, es violentamente rechazada. En tercer lugar, es aceptada como evidente por sí misma».<br />
La primera etapa consigue abatir los espíritus más débiles. La segunda, a casi todos los fuertes. Sólo resisten los auténticos HOMBRES.<br />
Cuando todo lo que usted ha descubierto y demostrado sea aceptado como evidente, no me cabe duda que actuará con la altura de miras de quien habita en otras alturas, que no «sopapeará» los mofletes de quien le puso las cosas casi imposibles.<br />
Me despido ya.<br />
Mi nombre es Jesús Manuel Fernández González.<br />
Muchas gracias por lo que nos da.<br />
Larga vida.</p>
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